Porque al final de cuentas lo que importa es lo vivido y lo disfrutado, vivir cada día haciendo lo que realmente sientas es lo único que te dará la felicidad, darlo todo en cada paso, mostrarte aunque temas sufrir y dejar de lado el miedo que nos recorre. Después de todo te das cuenta que las cosas buenas están en las experiencias más excitantes, esas en las que no tienes ni idea de que pasará, esas en las que descubres nuevos lugares y nuevas maneras de ver el mundo. Y es que al fin y al cabo somos los únicos que podemos salvarnos de caer mil veces en la misma piedra, los únicos en poder decidir darle un giro a nuestra vida. Al fin y al cabo somos nosotros los que decidimos qué y cuándo arriesgar.