Siempre nos centramos en lo tangible, en lo que podemos tocar, utilizar o gastar. Fijamos un precio para todo, algo bastante absurdo, queramos o no el dinero no lo compra todo. Nos olvidamos de lo bonito de la realidad, de lo bonito de las sensaciones, de los sentimientos, de las miradas a escondidas. Nos olvidamos de la sensación de meternos de cabeza en el agua y sentir como cada poro de la piel se empapa de felicidad, de como parece que volamos cuando el viento nos acaricia el pelo, cuando nos acaricia el alma. Se nos olvida darle importancia a lo importante y recordamos demasiado como hacer feliz al mundo, abstrayéndonos totalmente de nuestra humana felicidad. Dónde quedó la sensación de libertad al subir una montaña o al bucear en el mar, dónde quedaron las ganas de parar de reír porque tu barriga no aguantaba más, la compañía de un buen amigo con el que recordar momentos, locuras. Por qué no nos dejamos llevar, por qué no hacemos locuras sin darle mil y una vueltas a las conse...