Ojalá. Ojalá recorrer el mundo, sin miedos, sin prisas, pararse en la belleza de cada momento, de cada lugar. Ojalá volar, sin alas, sin caídas. Soñar, soñar más allá de la realidad, de lo posible. Luchar, sabiendo que somos tan efímeros como el humo, pero con toda la fuerza que nos puede regalar el dolor. Correr, como si no hubiese fin, no sintiéramos sed, no nos cansáramos. Ojalá no dejar de sentir esa sensación, esa adrenalina, los nervios, el cosquilleo en el estómago, las miradas escondidas, ojalá no dejar de sentir esas sensaciones que nos arrojan al amor. El mundo es tan grande que ojalá alguien te haga sentir especial en ese pequeño lugar, de verdad. De repente llega alguien que te da eso que necesitas, eso que pensabas que no existía, eso que tenías olvidado. Es diferente, especial. La vida paga todo lo que das y llega ese momento en el que no puedes evitar sonreír, correr, recorrer, volar, soñar y luchar. Y no puedes dejar de pensar, ojalá... Fotografía: Gilles Nadja...